Christos Constantinou, de 49 años y natural de Nemea (Grecia), decidió ir de caza al bosque. Como cazador astuto decidió llevar, además del arma, unas pieles de cabra para echárselas encima y acercarse lo más posible a su desprevenida presa. Así, sigilosamente, se internó entre unos arbustos.
No contaba Constantinou con la presencia del más cruel depredador y con que el hombre es un lobo para el hombre.
Dos familias amigas habían salido de caza para buscar un jabalí con el que preparar alg...