La numerosa colonia de momias de Madrid está en pie de guerra. Desde que se obligó a los demandantes a mostrar sus rasgos antes de personarse ante los tribunales, ninguna de ellas se atreve a poner una demanda. “El otro día, un troll pegó una patada tremebunda a uno de nuestros asociados”, explica Rascar Capac Tumbabierta, portavoz del Sindicato Español de Cadáveres y Aparecidos (SECA). “Pero claro, vas al juzgado y te piden que te descubras, que te quiten las vendas con las que llevas milenios. No hay derecho, nadie tiene en cuenta nuestra diversidad cultural”.

Hammurabi Civilcode, decano de los Tribunales de la Meseta y Alrededores, explica la situación. “Lo siento, pero la ley en inflexible. Los jueces, abogados y fiscales, salvo que tengan una ceguera transitoria o permanente, deben poder ver los rasgos de los demandados y demandantes. Si alguien viene con una venda, bidón o mascarón de proa encima de su rostro, dígame cómo vamos a saber o no si está mintiendo”. Cuando se le recuerda que, en la época de los faraones, las momias tenían unos privilegios especiales en la administración de Justicia, se limita a encogerse de hombros y a decir “Pues que se vayan para allá. Ahora están en España, y tienen que integrarse”.
Las momias no están de acuerdo, y piensan presentar un escrito, escrito en jeroglífico, ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Que habrá que ver si les hace caso, cuando allí también tienen una norma semejante.
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