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Una mujer coreana fue inseminada por un calamar semi-cocido mientras se lo comía. La mujer, de 63 años y residente en Seúl, sintió “un pinchazo, sensación de cuerpo extraño y muchos pequeños organismos retorciéndose en la boca” tras morder un calamar, por lo que acudió inmediatamente al hospital.

Tras ser examinada, los médicos hallaron doce organismos “pequeños, blancos y con forma de huso” atrapados en la lengua, la cara interna de la mejilla y la encía de la mujer. Aunque inicialmente pensaron que eran parásitos de calamar, pues se movían durante el análisis que hicieron, más tarde descubrieron la presencia de una bolsa de esperma y lograron identificar a tan diminutas criaturas como espermatozoides del calamar muerto.

El hallazgo científico fue publicado en un artículo por la Sociedad Americana de Parasitólogos y recogido en el Journal of Parasitology.

Los investigadores creen que la bolsa de espermatozoides se activó con la masticación de la mujer, por lo que instaron a todas aquellas personas que tienen por costumbre el consumo de calamares que retiren los órganos internos si los consumen crudos o que los hiervan el tiempo suficiente para dejar inactiva la bolsa de esperma. Y es que los calamares cuentan con un aparato eyacyulatorio que libera la masa de esperma cuando entra en contacto con una hembra y las bolsas se adhieren a ésta para que el semen se libere poco a poco. Algo que debió sucederle a la mujer coreana que acudió al hospital para saber lo que le estaba pasando en la boca.

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En algún lugar de Vigo, a resguardo de miradas curiosas, se está desarrollando un experimento que, según el presidente de la Cooperativa de Armadores, Javier Touza, «revolucionará la actividad extractiva del calamar si es que termina teniendo éxito».

 

El ensayo, en el que participan armadores a nivel individual y una empresa gallega de alta tecnología, trata de encontrar una solución técnica eficaz para la clasificación de cefalópodos a bordo de los grandes congeladores. En los caladeros de Malvinas, donde tienen intereses numerosas empresas gallegas, pueden llegar a entrar en la red 20 toneladas de calamares en un solo lance.

 

Explica Touza que en este sector la demanda es particularmente exigente. «Al contrario de lo que ocurre con otro tipo de especies, las cadenas de distribución no se fijan tanto en el peso como en su tamaño. Suelen ser puntillosos en este extremo. Si piden piezas de entre 12 y 14 centímetros, es que los de 11 o los de 15 ya no les valen», dice.

 

En la actualidad el cribado se realiza de forma manual. Una veintena de personas -«a veces más»- se encarga de esa tarea. Añade que son profesionales cualificados, pero no igual de precisos que una máquina, sobre todo tras cuatro o cinco horas seguidas a pie de cinta. Aunque el experimento se inició hace tres meses, aún no hay conclusiones. Touza prefiere no dar pistas sobre las pruebas. Se limita a explicar que las dudas se centran en si la máquina podrá ser lo suficientemente veloz.

 

Para realizar el estudio han recurrido a tecnología de la automoción. «Trabajamos con visión artificial. Se hace una radiografía en tres dimensiones del calamar, que determina con precisión sus medidas. Que sepamos, es la primera vez que se hace en el mundo».

 

Si los resultados demuestran la eficacia del sistema, los armadores que decidieran aplicarlo verían considerablemente reducidos sus costes de explotación.

 

«Ciertamente, la bajada sería enorme porque se necesitaría mucha menos mano de obra, pero no sería menos importante el hecho de que podríamos dar respuesta al cada vez más exigente mercado mundial», señala Javier Touza.

lavozdegalicia.es