noticias absurdasUn mastín tibetano fue vendido en China por cerca de dos millones de dólares, lo que podría convertirlo en uno de los perros más caros del mundo, indicó este miércoles la prensa china.

El comprador, un rico promotor inmobiliario, pagó 12 millones de yuanes (1,9 millones de dólares) para adquirir este animal de un año de edad y 90 kilos en una feria canina en la provincia de Zhejiang, indicó el periódico vespertino de Qianjiang.

Los mastines tibetanos, también conocidos como dogos del Tíbet, se comparan con frecuencia a los leones por su impresionante melena de colores rojizos y son la última moda entre los millonarios chinos, convertidos en símbolo de status social.

El precio de estos animales se ha disparado en los últimos años, en muchos casos superando el millón de euros.

“Tienen sangre de león y son la flor y nata de los machos reproductores en la familia de los mastines”, explicó el criador del perro, Zhang Gengyun, al periódico de Qianjiang.

Esta raza, que en algunos casos puede ser agresiva, se adapta a las condiciones climáticas extremas y a la altitud y tradicionalmente ha sido muy apreciada por los pastores nómadas de Asia Central.

Por su parte los propietarios los consideran como buenos perros guardianes y muy fieles.

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Una de las predicciones más comunes de la ciencia ficción se ha hecho realidad en la provincia china de Heilongjiang, al inaugurarse Harbin, un restaurante atendido por robots. Así es. El local gastronómico cuenta con 18 diferentes tipos de autómatas que realizan todo tipo de tareas, desde atender a los clientes en la puerta, ubicarlos en sus mesas, tomarles el pedido, cocinar y llevar la comida.

Así, cuando los clientes entran al restaurante son recibidos por un simpático robot. “Hola, terrícola. Bienvenido al restaurante robot Harbin”, saluda el “acomodador” con un acento robótico. Luego de tomar la orden, unos autómatas cocinan y otros se encargan de llevar los platos a las mesas. Por supuesto, todos los robots están equipados con sensores de movimiento que les permiten moverse libremente dentro del establecimiento sin chocarse con las mesas ni entre ellos.

Todos los robots del restaurante fueron diseñados y construidos por la empresa china Harbin Haohai Robot Company con una inversión cercana a los 800.000 dólares. Según informa el China Diary, las máquinas están pintadas de diferentes colores de acuerdo a su función y son controlados por personal calificado desde una sala apartada del restaurante.

Con un costo de entre 6 y 10 dólares la cena, los dueños saben que no recuperarán el dinero invertido, pero aseguran que será una gran publicidad para la fábrica. ¿Funcionaría un restaurante así en Occidente?

 

noticias absurdasLos censores chinos han decidido prohibir los viajes en el tiempo. Y no porque teman que algún científico listillo ponga patas arriba las leyes de la física y convenza a Mao para que se convierta al neoliberalismo. No. Lo que pasa es que, según los dirigentes chinos, en las producciones audiovisuales “se está haciendo un tratamiento frívolo de la Historia”. Además, según el comunicado de prensa en el que se ha dado a conocer la noticia, “estas historias inventan mitos, son absurdas, e incluso promueven el feudalismo, la superstición, el fatalismo, y la reencarnación”.

 Que la censura audiovisual china tiene la manga muy estrecha no es noticia. Corta de raíz cualquier comentario político que pueda interpretarse como crítica, cuida que la sensualidad no cambie la segunda ese por una equis, vela porque no se refleje en la pantalla el neocapitalismo que se ha apoderado del país, e incluso elimina los anglicismos del lenguaje de los telediarios. Todo ello forma parte de su cruzada abiertamente reconocida contra la vulgaridad y la pornografía, y por la velada e incesante lucha contra cualquier elemento que ponga en solfa la política del Partido Comunista.

 Que los chinos están muy orgullosos de sus 5.000 gloriosos años de Historia, tampoco es nada nuevo. Basta con un rápido zapeo por los 60 canales en abierto del país para encontrarse con mandarines de coletas que se pisan al andar, concubinas celosas y aguerridos guerreros cuya bravura desatan melodramáticas historias de amor imposible. En la gran pantalla las reconstrucciones históricas son sinónimo de taquillazo, salvo que detrás estén los intereses del Gobierno, como sucedió el año pasado con el biopic de Confucio, filósofo cuyas enseñanzas quiere recuperar el país para desterrar el individualismo que ha traído la apertura al mundo.

 Pero, ahora, ambos elementos se han unido y podrían cambiar por completo la configuración del panorama audiovisual chino. Así que las series de televisión y las películas que recurrían al estilo Michael J. Fox para saltar entre el ayer y el mañana tendrán que cambiar de guión. Claro que, de momento, esta curiosa medida sólo afecta a los viajes que van al pasado. Imaginarse el futuro todavía está permitido. Pero eso, en China, no tiene tanto tirón. O quizá es que no hay presupuesto.

Sea como fuere, lo cierto es que los chinos se están cansando de tanta prohibición, y en este caso es evidente que va contra la serie Palacio, que triunfa en la televisión provincial de Hunan. He aquí el trailer:

 “La serie es una tontería, de acuerdo, pero de ahí a que se prohíba hay un trecho”, se queja Wang Yuan, una joven de Shanghái. “Si al final todo lo que no le gusta el Gobierno se prohíbe, ¿qué vamos a poder ver? ¿Solo series épicas sobre la revolución?”, bromea con sarcasmo políticamente incorrecto. Sin duda, al Gobierno eso es lo que le gustaría, y en el canal CCTV7, dedicado al Ejército, no faltan.

Pero China vive un boom de la industria audiovisual que va desde el cine de autor de sesudos directores como Wang Xiaoshuai, hasta superproducciones que atraen incluso a estrellas de Hollywood. Como Inseparable, que se estrenará en breve con Kevin Spacey al frente de un reparto bicultural. O como la película que Christian Bale rueda a las órdenes de otro de los grandes de la quinta generación de cineastas chinos, Zhang Yimou. La pasta ahora está en China, y los censores van a tener muy difícil controlar todo lo que allí se produce.

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noticias absurdasChina, un país donde durante milenios los más mayores en las familias eran venerados por tradiciones religiosas, prepara una reforma legal que podría castigar a los hijos adultos que no visiten a sus padres ancianos.

La introducción de este delito se estudiará en la reforma de la Ley de Protección de los Derechos e Intereses de los Ancianos, creada en 1996, señalaron fuentes del Ministerio de Asuntos Civiles, uno de los encargados en redactar la propuesta de enmienda.

La reforma de la ley, de aprobarse, señala en uno de sus epígrafes que “los familiares no han de ignorar o aislar a los mayores, y deben visitarlos frecuentemente si no viven bajo el mismo techo”, ofreciendo la posibilidad de llevar casos ante los tribunales si no se respeta esta obligación.

El cambio legal es importante en un país donde, debido a la política del hijo único, el porcentaje de personas de la tercera edad es cada vez mayor, un envejecimiento demográfico que amenaza con causar problemas económicos al gigante asiático.

Según cifras de 2009, en China hay 167 millones de personas mayores de 60 años, muchas de ellas viviendo solas, en un país donde los asilos para ancianos son escasos.

En China, donde el sistema de seguridad social cubre a sólo una pequeña parte de la población y no hay una red de asistencia social, la reforma de la ley podría intentar cubrir estas carencias, según “China Daily”.

No obstante, señala el rotativo, también simbolizará un esfuerzo para restaurar los valores familiares en la sociedad china, que ha pasado de una tradicional veneración de los más mayores, por la herencia del confucionismo, al olvido a muchos de ellos, debido a una sociedad más individualista y materialista.

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