noticias absurdas

Los científicos Christoph Benzmüller, de la Universidad Libre de Berlín, y Bruno Woltzenlogel, de la Universidad Técnica de Viena, han probado informáticamente el teorema de Gödel, desarrollado a finales del siglo pasado por el matemático austríaco Kurt Gödel y que concluye que en base a los principios de la lógica debe existir un ser superior.

A finales de los años setenta, Gödel argumentó que, por definición, “no puede existir nada más grande de un ser supremo”, y propuso mediante argumentaciones lógico-matemático la existencia de Dios. Su intención era demostrar que el llamado argumento ontológico -de un modo puramente lógico- de la existencia de Dios es válido.

Ahora, los científicos han demostrado, con un MacBook ordinario, que su argumentación era matemáticamente correcta. En este sentido, los investigadores han subrayado que este trabajo, publicado en Arxiv.org, “tiene más que ver con la demostración de que una tecnología superior puede ayudar a la ciencia, que con la teoría de que Dios exista o no”.

Así, han apuntado que lo importante es que “lo que han logrado a través de los ordenadores supone un éxito del genial razonamiento” de Gödel. Benzmüller ha señalado que la prueba ontológica era, más que cualquier otra cosa, un buen ejemplo de algo inaccesible en las matemáticas o de la inteligencia artificial, que se ha resuelto con la tecnología actual.

En su opinión, el hecho de que la formalización de estos teoremas complicados se puedan realizar con ordenadores no profesionales abre todo tipo de posibilidades. El científico ha señalado que “es totalmente increíble que el Teorema de Gödel se pueda probar de forma automática en pocos segundos o incluso menos en un portátil estándar”.

http://www.lavanguardia.com

noticias absurdas

El científico del Instituto de Astronomía ruso, Alexander Bagrov, ha propuesto crear un elevador por cable fabricado con nanotubos de carbono que permita transportar carga desde la Tierra a la Luna. A su juicio esta es «la única variante viable a las naves espaciales para abaratar el coste del transporte».

Bragov ha explicado que el transporte de carga de la Luna hasta la Tierra es un asunto clave para «la explotación de los recursos naturales en el subsuelo» y podría realizarse mediante un elevador espacial fabricado con ayuda de nanotecnologías.

Para construir este artefacto se podría tender un elevador por cable desde la Luna hasta la Tierra de 400.000 kilómetros. Lo importante, según el científico, es que «el elevador no llegue hasta la superficie, sino que quede suspendido a una altura de 50 kilómetros».

Bagrov ha dicho que para elevar o bajar el ascensor se debe crear un cable de características excepcionales, es decir, extremadamente ligero y al mismo tiempo mucho más resistente que el acero. A juicio del científico, ese cable puede ser fabricado con nanotubos de carbono de apenas un milímetro de diámetro, que por su enorme longitud tendría un peso aproximado de 20 toneladas.

Sobre el proceso, ha indicado que para transportar la carga desde la Tierra hasta el elevador «se pueden utilizar cohetes ligeros» mientras que la carga que venga desde la Luna se podría lanzar en paracaídas.

Mediante este sistema los equipos automatizados de extracción de minerales, vehículos y las bases para cosmonautas serían transportadas desde la Tierra hasta el elevador en órbita con cohetes convencionales, y desde allí mediante el ascensor hasta la Luna.

Los cálculos citados por el experto indican que el elevador propiamente dicho podrá transportar cargas de hasta cinco toneladas y que la duración de una partida de carga en una dirección puede durar hasta un mes o menos.

En cuanto a los problemas tecnológicos de su proyecto, Bagrov ha señalado que la ciencia «debe desarrollar la tecnología para unir o tejer las nanofibras de carbono a nivel industrial» para obtener cables ultra delgados y de varios centenares de miles de kilómetros de longitud, que, al unirse alcancen los 400.000 kilómetros. Del mismo modo, el científico ha resaltado la necesidad de crear un recubrimiento superconductor de ultra altas temperaturas que envolverá el cable para el elevador.

http://www.abc.es

noticias absurdas

Las llamadas de atención ya han sido muchas pero ésta, por el prestigio de las voces que la realizan y lo tajante de su mensaje, quizás consiga, por fin, hacerse escuchar. Un renombrado plantel de 22 científicos de todo el mundo, entre ellos algunos españoles del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha advertido de que la Tierra se aproxima a un colapso inminente e irreversible. En cuestión de décadas, si no se toman las medidas adecuadas -algo para lo que, por fortuna, aún estamos a tiempo-, la humanidad se enfrentará sin remedio a un «nuevo régimen para el que no estamos preparados». El panorama desolador incluye carencia de alimentos y de agua potable, enormes sequías, extinción de especies y migraciones masivas de gente en busca de su propia supervivencia «como nunca hemos visto en la historia». Las causas, según explican en la revista «Nature», son el brutal crecimiento de la población, la destrucción de los ecosistemas naturales en todo el mundo y el cambio climático.

Desde sus comienzos, la Tierra ha sufrido cinco grandes episodios de extinciones masivas asociados a cambios climáticos que han transformado las características de todo el planeta. El último gran gran cambio se produjo hace unos 14.000 años, cuando el 30% de la superficie terrestre perdió la capa de hielo que la cubrió durante el último período glacial. Desde entonces, el planeta se ha mantenido más o menos estable hasta la aparición y el desarrollo de la civilización humana. Sin embargo, los científicos creen que esto está a punto de cambiar. Y la culpa es nuestra.

Para empezar, somos muchos y consumimos demasiados recursos. La tasa de crecimiento anual de la población es de unos 77 millones de personas, casi mil veces superior a la experimentada hace entre 10.000 y 400 años. Hemos alterado el paisaje gravemente y emitimos a la atmósfera cantidades ingentes de CO2. «Sí, tenemos motivos para asustarnos. Hay grandes posibilidades de llegar a un punto de no retorno, catastrófico, para el que no hay marcha atrás, y las consecuencias pueden ser enormes para nuestra calidad de vida como especie. Tendremos problemas muy grandes», afirma a ABC.es Jordi Bascompte, biólogo de la Estación Biológica de Doñana, que ha participado en el trabajo.

El científico compara al mundo con una taza en el borde de una mesa a punto de caer y hacerse añicos. No parece que se produzcan grandes cambios mientras se acerca al filo, pero un ligero movimiento al final (léase, por ejemplo, una subida de temperaturas) y, de repente, el golpe puede ser terrible. La lista de fatales consecuencias es interminable. Perderíamos la polinización de los campos agrícolas -un proceso natural que hacen insectos como las abejas y del que dependen los cultivos-, muchas especies se extinguirían y otras se adaptarían, la provisión de agua potable y de alimentos sería mucho menor a consecuencia de la disminución de la biodiversidad y aumentarían las zonas mundiales desérticas. «Las grandes sequías conllevarían grandes migraciones y el regreso de enfermedades infecciosas que en el mundo occidental creemos erradicadas», apunta el biólogo. En palabras de Anthony Barnosky, profesor de biología en la Universidad de California Berkeley y principal autor de la revisión, «realmente será un nuevo mundo, desde el punto de vista biológico».

A tiempo de evitarlo

Y todo esto puede estar a la vuelta de la esquina. Los estudios realizados por los científicos, según han podido observar en ecosistemas locales, su particular bola de cristal, predicen que puede ocurrir alrededor del año 2025. Alrededor de esa fecha, si seguimos al mismo ritmo, habremos destruido el 50% de los hábitats naturales mundiales. Y en 2045, el 55% (ahora vamos por el 43%). «Es rápido, sabemos las causas y las implicaciones. Es un buen momento para actuar y evitarlo. Si la taza está en el borde es infinitamente más sencillo empujarla hacia el lado adecuado, aunque suponga un gran esfuerzo, que intentar repararla cuando ya haya caído», dice Bascompte.

Los investigadores creen que todavía estamos a tiempo de revertir la situación. Para ello, apuestan por frenar el crecimiento de la población, reducir el uso de energía per capita en los países del primer mundo y optar por las sostenibles, emplear los recursos de forma más racional e intentar proteger las zonas vírgenes de la Tierra.

Algunos quizás consideren estas conclusiones demasiado alarmistas. A ellos, Bascompte les diría que «esa es la realidad. Puede ser dura, pero es mucho mejor enfrentarse al problema que obviarlo. Es similar a alguien que tiene un cáncer y pretende ignorar lo que le dice el médico. Ignorar la información nunca es una buena decisión».

http://www.abc.es

noticias absurdasEl Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) iniciará la próxima semana en las áreas de Parakiri y Rotorua (Nueva Zelanda) un proyecto para analizar si las áreas ‘marcianas’ de la Tierra pueden revelar restos de vida en Marte, según ha informado el CSIC.

Así, un equipo de investigadores del CSIC se desplazará a Nueva Zelanda para analizar, en colaboración con el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial, estas dos regiones con depósitos de sílice. Además, la institución científica ha añadido que en la Tierra hay cinco localizaciones –una de ellas en España– que presentan “algún rasgo extremo similar al del entorno del planeta”.

El responsable del proyecto (iniciado en 2010) y paleontólogo del Centro de Astrobiología (centro mixto del CSIC y del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial), David Fernández, ha explicado que la integración de las regiones seleccionadas –que poseen diferentes características comunes a estos entornos primitivos– “es la que aporta una visión conjunta del entorno marciano”. También se ha mostrado optimista y ha asegurado que “si alguna vez hubo vida en Marte, se encontrará antes o después”.

En este sentido, el organismo científico ha apuntado que la presencia de restos de biomoléculas en minerales formados en estos ambientes terrestres “será extrapolable a Marte, donde los resultados se utilizarán para localizar las áreas de estudio más adecuadas en futuras expediciones al planeta”.

 DE RÍO TINTO A NUEVA ZELANDA

En lo referido a las zonas ‘marcianas’ que serán analizadas, ha concretado que se trata de las neozelandesas de Parakiri y Rotorua, la sudafricana de Barberton, el desierto chileno de Atacama y las minas españolas de Río Tinto (Huelva) que, según ha añadido, “tiene unas singulares condiciones de acidez y oxidación capaces de albergar vida”.

Finalmente, el CSIC ha recordado que la Tierra y Marte “fueron muy similares durante sus orígenes, hasta que el planeta rojo agotó su combustible interno hace unos 3.500 millones de años”. “El planeta rojo podría considerarse, por tanto, un fósil a escala planetaria de la Tierra cuando se desarrollaron los hábitats potencias primigenios”, ha precisado.

http://www.que.es