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El Tribunal Supremo de Iowa (EE UU) ha fallado este viernes a favor de un jefe que despidió a una empleada por considerarla “irresistible”. “Puede que estos despidos no sean justos, pero no constituyen una discriminación ilegal bajo la Ley de Derechos Civiles de Iowa”, indica la sentencia del tribunal, que recoge CNN.

Melissa Nelson, que trabajaba como asistente dental, fue despedida porque su jefe, James Knight, la consideraba “irresistible”, y tanto él como su mujer la veían como una amenaza para su matrimonio. Nelson comenzó a trabajar para Knight en 1999 y estuvo durante más de 10 años trabajando en su negocio de Fort Dodge (Iowa), informó 20 Minutos.

Hacia el final de su etapa trabajando allí, Knight le reprochaba a Nelson que su ropa era muy ajustada y suponía una “distracción”, según relata el fallo del tribunal. La trabajadora, por su parte, ha negado que su vestimenta fuera inapropiada para el trabajo que desempeñaba. “Si ella veía que sus pantalones marcaban, debería saber que su ropa era demasiado sugerente”, prosigue diciendo el Tribunal.

En otro momento, en respuesta a un supuesto comentario que Melissa Nelson hizo sobre la poca frecuencia de su vida sexual, Knight respondió: “Es como tener un Lamborghini en el garaje y nunca conducirlo”.

Durante los últimos seis meses de trabajo de Nelson, ella y Knight, ambos casados y con hijos, empezaron a enviarse mensajes de texto fuera del trabajo, hecho que ninguno de los dos negó. La mujer de Knight, que trabajaba también en la clínica dental, se enteró de esos mensajes a finales de 2009 y exigió que Nelson fuera despedida.

A principios de 2010, Knight hizo lo que su esposa le había pedido. El motivo que le dio a Nelson era que se había convertido en un “perjuicio” a su familia y que por el bien de ambos y sus familias no deberían trabajar juntos, indica la decisión del Tribunal Supremo. Knight le dio un mes a Nelson para que dejara su puesto de trabajo.

La trabajadora demandó a su jefe

Tras el despido, Nelson demandó a su jefe alegando que el despido había sido por discriminación de género y que no había cometido ningún tipo de acoso sexual. Después de que un tribunal del distrito se posicionase a favor de su jefe —tras despedirla, contrató a otra mujer para su puesto—, por lo que recurrió ante el Supremo, que finalmente ha dictado sentencia.

La defensa de Melissa Nelson indicó que el tribunal se había equivocado en esta decisión. “Estamos horrorizados”, indicó.

“Se nos pide decidir si el Dr. Knight incurrió en discriminación de género ilegal cuando despidió a Nelson a petición de su esposa. Por las razones discutidas anteriormente, creemos que esta conducta no constituyó discriminación alguna, y por lo tanto ratificamos la sentencia del tribunal del distrito” , zanjó en su escrito el alto tribunal.

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Dormir más de la cuenta le costó el cargo a un juez en Costa Rica, despedido por sus constantes llegadas tardías a los juicios, de las que se excusaba alegando que se había “quedado dormido”, informó el lunes el diario La Nación. El Consejo Superior del Poder Judicial cesó al magistrado de 35 años, quien se desempeñaba en el Tribunal de Juicio de Golfito, zona sur del país, tras conocer una denuncia del juez Eladio Sánchez, coordinador del juzgado. “Constantemente, he recibido quejas de fiscales, fiscalas, jueces, juezas, administradoras, técnicos y técnicas, conductores de administración, acerca de su mal desempeño, tales como llegadas tardías al despacho, inicio de audiencias con casi una hora de atraso, por su inasistencia, con excusas como que se quedó dormido”, escribió Sánchez al Consejo. El Consejo, tras analizar las quejas de Sánchez, cesó del cargo al juez el 31 de agosto, “por el claro mal desempeño en sus funciones”, según la nota de La Nación.

 

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Un trabajador francés se ha buscado un gran problema por no poder controlar sus gases. Al parecer, eructaba y despedía flatulencias a diario en su puesto de trabajo, hasta tal punto que varios de sus compañeros interpusieron varias quejas ante la dirección de la empresa. Él, eso sí, sólo reconoció eructar una o dos veces al día. El caso es que el jefe se vio obligado a tomar cartas en el asunto y no tuvo más remedio que poner las cartas sobre la mesa. “Nos vemos obligados a notificarle su apercibimiento por causa real y seria debido a los siguientes motivos: perturbaciones sonoras tales como eructos regulares y flatulencias no disimuladas por las que resulta que sus faltas y su comportamiento generan tensiones y conflictos recurrentes en las relaciones con sus colegas de trabajo”.
Pero al parecer, el trabajador hizo caso de la petición y siguió eructando y tirándose pedos con descaro, por lo que hubo que apelar a la justicia laboral, según Eric Rocheblave, abogado de la ciudad de Montpellier, especialista en Derecho del Trabajo, quien, por consideración hacia la familia del infractor, no revela su nombre ni el de la empresa en cuestión. Recientemente, la Justicia ha dado la razón a los sufridos compañeros del trabajador cesado. Y es que la Corte de Apelaciones de Versalles en su resolución n° 10/04404 del 22 de marzo de 2012 consideró que “las faltas deliberadas y reiteradas a las reglas del saber vivir de este asalariado, generadoras de tensiones en sus relaciones con sus colegas, constituyen una causa real y seria de despido”.
Pero el de Montpellier no es el único cese por causas similares. Ya en febrero de 2010, Daniel Cambridge, un trabajador de los almacenes de la empresa Waterstone, en la localidad inglesa de Burton-upon-Trent, fue despedido por lo mismo. Daniel, que entonces tenía 27 años, afirmó que su problema de flatulencias era un efecto secundario común del antidepresivo ‘Citaloprama’, que estuvo tomando durante las tres últimas semanas. Incluso entregó el prospecto. “No puedo creer que me hayan despedido por echar gases. Para mí es como tener una discapacidad. No puedes echar a alguien porque le falte una pierna o un brazo”, se quejó. Daniel trabajaba en la empresa desde septiembre del año anterior y, según le informaron, en los últimos días el almacen había recibido hasta 35 quejas en 48 horas.
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Lauren Odes, de 29 años, ha sido despedida porque sus pechos eran demasiado grandes y provocaba “distracción” entre sus compañeros. Es la razón aducida por su jefa, que llegó a recomendarle que se los aplastara con papel celo. La ex empleada que trabajaba para una empresa de lencería de judíos ortodoxos en Manhattan, los ha demandado por discriminación.

Su jefa le advirtió de que los dueños, judíos ortodoxos, no estaban contentos con su forma provocativa de vestir, que realzaba sus pechos haciéndolos más visibles a los compañeros y provocando “distracción”. Por ello, llegó a recomendarle que se los aplastara con papel celo.

“Cuando empecé a trabajar allí, pregunté si existía un código para el atuendo diario de los empleados, y me dijeron que bastaba que mirase alrededor y ver lo que todo el mundo llevaba”, ha dicho la mujer en una rueda de prensa.

“Así lo hice. El vestido era muy ‘casual’, ropa deportiva”, explicó la ahora desempleada Odes.

Odes tampoco daba crédito cuando su jefa le recomendó aplastarse el pecho: “Cuando mi supervisora me sugirió que me aplastara mis pechos, le pregunté que si estaba bromeando. Entonces, dijo solo le digo que se los cubra un poco más”.

Tras esto, ella sacó una bata roja estampada con guitarras que se la tuvo que poner. Sintiéndose humillada, fue al servicio a llorar y más tarde le anunciaron su despido.

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noticias absurdasSi el año pasado Hollywood hubiera conocido el caso de Debbie Stevens, seguramente le habrían reservado una parte importante en la trama de la película ‘Como acabar con tu jefe’. En el largometraje, tres sufridos trabajadores deciden elaborar un plan para asesinar a sus insufribles superiores, algo que con toda seguridad habrá pasado por la mente de Stevens, despedida por solicitar una baja médica después de haberle donado un riñón a la responsable del concesionario en el que trabajaba.

La pesadilla de esta trabajadora neoyorquina de 47 años, divorciada y madre de dos niños, comenzó el día que su ahora exjefa, Jackie Brucia, se puso enferma. A finales de 2009, en una conversación informal, Brucia le comentó que necesitaba un trasplante de riñón y que le estaba resultando imposible encontrar un donante.

Debbie Stevens decidió ayudarla, e incluso en un momento dado se ofreció a donar su propio riñón si no encontraban un donante a tiempo. En enero de 2011, la empleada recibió la llamada de su jefa, que le había tomado la palabra, y le preguntó si la oferta iba en serio. Debbie fue tajante: “Claro que sí”.

La trabajadora sentía reconfortante poder donar su riñón izquierdo para volver a la vida a otra persona. “Era mi jefa, la respetaba y no quería que muriese”, ha explicado Stevens al diario ‘The New York Post’. Sin embargo, su órgano no era compatible con el de Brucia, por lo que los médicos se lo dieron a un paciente de St. Louis, Missouri. A cambio, su jefa obtuvo un riñón compatible proveniente de San Francisco.

Pocos meses después de la operación, el pasado mes de agosto, Debbie Stevens comenzó a sentirse mal. Tenía molestias en las piernas y problemas digestivos que la impedían llevar una vida normal.

Pese a los problemas de salud, la mujer se sintió presionada a volver al trabajo aunque no se encontraba en condiciones. “¿Por qué no estás en el trabajo?, los demás van a pensar que tienes un tratamiento especial”, le espetó Brucia durante una conversación telefónica. Y, por si no fuera suficiente, lo primero que hizo la responsable del concesionario cuando se reincorporó al trabajo fue recriminarle supuestos errores frente a sus compañeros.

Una despedida, la otra bebiendo champán

Ese fue el momento en el que Debbie Stevens decidió pedir una baja por motivos de salud. La trabajadora consultó a un abogado y la empresa le contestó confirmando su despido, respaldado por un informe negativo firmado por Jackie Brucia.

“Me sentí traicionada. Fue una experiencia muy dolorosa y horrible”, asegura Stevens, que denunció a su antigua empresa ante la Comisión de Derechos Humanos del estado de Nueva York.

En la demanda precisa, que lo que más la impulsó iniciar acciones legales no fue el hecho de que fuera despedida sino que, después de su sacrificio, Brucia haya sido vista totalmente sana y saliendo de una limusina con una botella de champán.

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noticias absurdas¿Hasta donde llega el poder que tienen nuestros jefes sobre nosotros en nuestro espacio de trabajo?

La noticia curiosa de hoy nos llega desde Palma de Mallorca donde uno de los días, después de hacer caja al final de la jornada laboral, los jefes encargados se percataron de que faltaban dos monedas de 50 céntimos. Seguidamente se dispusieron a comprobar las cámaras de seguridad y creyeron ver que el empleado destinado ese día a esa caja registradora robó esas dos monedas con un valor total de un euro.

Sin pensarlo dos veces decidieron despedir al trabajador, que llevaba ya doce años trabajando para la empresa, por robar un euro.

Hoy ya se sabe que el trabajador demandó al establecimiento por despido improcedente y salió a la luz que pasó verdaderamente y que no fue más que una confusión.
El día que desaparecieron esas dos monedas de 50 céntimos estaban haciendo reformas y llegaron dos técnicos con el propósito de hacer el cableado de la azotea. Al no contar con ningún tipo de transporte para llevar los materiales hasta la azotea se dispusieron a utilizar dos carros de compra como transporte. El caso es que estos carros para poder usarlos les hacia falta una moneda de 50 céntimos. Por esto se acercaron al empleado para pedirle dos monedas para los carros y este se los da de la caja registradora.

El juez por supuesto falló a favor del empleado y ahora la empresa tiene la obligación de, o bien volver ha admitir al empleado o bien indemnizarlo con 30.000€ por despido improcedente.

Doce años de trabajo tirados por tierra por… ¿Un euro?

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