Recuerdo aquel día que me llamó una persona jadeante: «Tengo unos análisis que no entiendo, espera que te los leo». Lo conocía bien por su gran afición a la medicina, que le había llevado a desarrollar teorías singulares. Me decía que había logrado absorber la vitamina B12 que sintetizaba. Exploraba formas de alimentarse sorprendentes, por ejemplo, sólo a base de patatas o de plátanos. Ese día los análisis confirmaban lo inevitable: tenía una anemia muy importante por déficit de vitamina B12, una sustancia imprescindible para la fabricación de los glóbulos rojos.

Los seres vivos formamos parte de un ecosistema. Necesitamos a las plantas para que produzcan oxígeno, pero también para que transformen la energía solar en alimentos. En la profundidad de nuestras células combinamos el oxígeno con sus hidratos de carbono, grasas y proteínas en una reacción que produce calor: la energía que precisamos para vivir.

Todo eso es una ofrenda de las plantas, víctimas propiciatorias para el dios animal. Pero esa ofrenda es incompleta para el ser humano porque hay elementos esenciales para el funcionamiento del organismo que no producen las plantas o lo hacen en pocas cantidades. Uno es la vitamina B12. Los animales herbívoros no tienen ese problema: la fabrican en su intestino. Lo hacen las bacterias que viven por millones en ese órgano, alimentadas con los desechos mientras ayudan a transformar los alimentos. Los seres humanos también la fabricamos, pero como nuestras bacterias están en el intestino grueso y la vitamina se absorbe más arriba, en el delgado, no nos sirve de nada. Algunos especulan con que en los ambientes vegetarianos, como la India, la flora intestinal facilita una mayor fabricación y quizá se absorba algo. La realidad es que como en la naturaleza hay, en general, una tendencia a economizar, nosotros preferimos conseguirla en la carne de los herbívoros, de manera que podemos liberar esa parte del cuerpo y dedicarla a otras funciones.

La verdad es que el déficit de vitamina B12 no es frecuente entre vegetarianos estrictos. Quizá se deba a que muchos alimentos están fortificados, también porque el cuerpo almacenó vitamina en la lactancia y etapas no vegetarianas, además de la escasa que reciben de los alimentos vegetales y quizá porque algo absorben de la que fabrican. De todas formas, el riesgo es real, como demuestra el caso que relato. Es una vitamina también necesaria para el buen funcionamiento del sistema nervioso. Su déficit puede producir demencia o psicosis.

De lo que no cabe duda, ya que todos los estudios apuntan en la misma dirección, es que la salud de los vegetarianos que tienen una alimentación bien planeada, con aporte externo de vitamina B12, es mejor que la de los no vegetarianos. Y no es porque no fumen, que suele ser así, hagan más deporte, beban menos o tengan el peso más controlado. Creemos que es por las potenciales cualidades saludables de los vegetales, especialmente de los de hoja verde, y por las potenciales cualidades nocivas de los alimentos animales, especialmente las grasas saturadas.

La interdependencia entre las especies no produce precisamente un mundo feliz para las que tienen la mala suerte de fabricar lo que otras necesitan: están destinadas a perecer en sus fauces. Muchos vegetarianos los son por motivos ideológicos, no quieren dañar a un ser vivo que puede sufrir. Naturalmente, las plantas no sufren. No suelen tener inconveniente en comer leche y huevos. Eso asegura una dieta completa. Si el consumo de estos alimentos es moderado, tienen casi los mismos beneficios para la salud que los vegetarianos estrictos. Además, consumen proteínas de alta calidad: pero ¿qué es eso?

Las proteínas son compuestos de aminoácidos, cadenas cortas de carbono, oxígeno, nitrógeno e hidrógeno. Es lo que fabrican los genes. Algunos aminoácidos son esenciales, cada especie los suyos, porque se prescindió del gen que los fabrica.

Las proteínas de calidad para los humanos son las que contienen todos esos aminoácidos. Sólo tres alimentos vegetales que yo sepa los tienen: la escanda, la soja y un seudocereal que se cultiva en los Andes llamado quinoa. La escanda es típico de Asturias y otros lugares montañosos de Europa, más robusto que el trigo y menos productivo, un buen alimento. Hay otra forma de conseguir esos aminoácidos: consumiendo cereales y legumbres. Por cierto, no hace falta, como se creía, que sea en la misma comida. De manera que el problema de las proteínas de calidad no existe en la práctica.

Se deben respetar las preferencias alimentarias de cada individuo. Además, esta variabilidad es muy interesante para intentar conocer, con experimentos naturales, los efectos de la alimentación en la salud. Pero además de respetar, conviene informar. La dieta vegetariana estricta puede ser muy saludable si se tiene cuidado en completarla con aporte de vitamina B12 y se procura una variación que asegure nutrientes suficientes.

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La dieta de la luna, la de la banana, la del chocolate, la antidieta, la disociada… Sería difícil enumerar la cantidad de métodos para adelgazar que se pusieron de moda durante las últimas décadas. Hasta se ha llegado a decir, entre otras teorías demenciales, que beber orina de una mujer embarazada es la mejor forma de perder peso. En esta nota les contamos cuáles son las dietas más ridículas de todos los tiempos.

1. La dieta de la galleta
Hace unos años se hizo muy famoso un tal Doctor Siegal, especialista en hipotiroidismo y obesidad, cuyo método para adelgazar era de lo más curioso. Consistía en comer galletas de chocolate o de nueces para aplacar el apetito antes de la comida. Siegal vendió miles de libros pero su dieta pasó al olvido con más pena (y kilos) que gloria.

2. La del coliflor
La dieta del coliflor tuvo muchos adeptos. Ellos aseguraban que, comiendo sólo coliflor hervido para el almuerzo y la cena, se podían perder hasta cuatro kilos y medio por semana. Sin embargo, al poco tiempo, un estudio determinó que este régimen no sólo provocaba demasiados trastornos estomacales sino también un bajo nivel de concentración mental.

3. La del Hot Dog
Increíble pero real: que una persona crea que puede bajar cuatro kilos en tres días comiendo solamente panchos y helado de vainilla. Así de inverosímil era la dieta del hot dog, probada en Estados Unidos, que por sus pésimos resultados duró justamente eso: tres días.

4. La de la orina
A los impresionables, les pedimos que salteen este punto. Esta dieta consistía en comenzar la mañana tomando un delicioso vasito de … ¡orina de mujer embarazada! Se dice que el régimen tuvo bastante éxito, sobre todo porque la gente que bebía este líquido quedaba tan asqueada que se quedaba sin hambre para el resto del día.

5. La del chocolate
El sueño de los amantes del chocolate ha sido, desde siempre, imaginar que podían comer tabletas sin aumentar de peso. De ese imposible se nutrió esta dieta, basada en la ingesta diaria de milk shakes o licuados dietéticos de chocolate. En teoría, el menjunje de cacao light era capaz de reemplazar vitaminas y quemar grasas a corto plazo. Por supuesto, tampoco funcionó.

6. La de la Fuerza Aérea Rusa
Los militares rusos utilizaban este método para perder de peso, hasta que se dieron cuenta que se les estaba yendo la mano. En el desayuno, sólo podían beber una taza de café y, a la hora del almuerzo, debían llenarse con dos huevos y un tomate. Para la cena: hierbas con sal, pimienta y vinagre. Se comenta que los oficiales que la siguieron no sólo bajaron de peso sino que, al cabo de un año, quedaron al borde de la desnutrición.

7. La del jugo de limón
La apodaron “dieta ácida” y, al parecer, fue probada por la cantante Beyoncé. Muy simple: había que beber durante varios días un jugo de limón con agua y pimienta, para desintoxicar el organismo, y acompañarlo sólo con verduras. La propia Beyoncé terminó admitiendo que no recomendaría este régimen ni a su peor enemiga.

8. La del tipo sanguíneo
Esta teoría tuvo su cuarto de hora durante la década del ´90, cuando un grupo de expertos intentó demostrar que cada grupo sanguíneo debía alimentarse con un patrón de comidas específico. Por ejemplo, los que eran de tipo O tenían que comer carne, mientras que los de tipo A estaban resignados a hacerse vegetarianos. Tuvo menos éxito que las últimas películas de Kevin Costner.

9. La del gusano
La dieta Tapeworm fue uno de los tantos métodos para adelgazar de los ricos y famosos. La desarrolló el doctor Kilian Uttembers, quien propuso introducir un gusano intestinal -taenias o parásitos que habitan en el tubo digestivo de los vertebrados- en el cuerpo humano para que devorara las grasas de nuestro organismo. El gusano tenía que vivir varias semanas en la panza para luego ser destruido con una medicación muy fuerte. La teoría no sólo fue catalogada de ridícula sino que también se la consideró peligrosa, porque implicaba introducir un parásito en el cuerpo. Además, cuando el gusano moría, uno recuperaba cada kilo perdido.

10. La de la luna
Los defensores de la dieta de la luna siguen jurando que la pérdida de peso está ligada a la capacidad del cuerpo humano de absorber el agua; y que este mecanismo responde a la fuerza de atracción que ejerce la luna sobre los líquidos. A grandes trazos, el método implicaba hacer un ayuno de 26 horas a partir del cambio de fases de la luna. En ese período sólo había que tomar líquidos, con el objetivo de desintoxicar el organismo para bajar dos kilos de un tirón. Algunos siguen convencidos de que esta dieta realmente funciona.

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