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El estómago de Matthew Hogg destila alcohol desde hace casi veinte años. ¿Lo más sorprendente de todo? El joven estadounidense no bebe alcohol jamás.

Sufre una curiosa enfermedad rara, conocida como ‘síndrome de autodestilación’: un exceso de levadura en el intestino delgado origina alcohol que es absorbido por la sangre. Esto significa que cada vez que toma azúcar o hidratos de carbono los transforma en alcohol.

Este trastorno hace que Hogg, de 35 años, sufra prácticamente a diario los efectos de una borrachera, con su consecuente resaca.

Matthew Hogg ha explicado en ‘Vice’ que la comida comenzó a sentarle mal siendo adolescente, pero que los efectos fueron empeorando con los años. Especialmente cuando ingería cualquier comida con altos contenidos de hidratos de carbono, “sufría martilleantes jaquecas, náuseas terribles, en ocasiones vomitaba y sufría deshidratación, sudores fríos, temblor en las manos… Era como si la noche anterior hubiera salido, pero sin haber consumido nada de alcohol”, ha asegurado.

La enfermedad que padece, por el momento, no tiene cura. Sólo puede adaptar su dieta, para que sea baja en azúcares.

 

Adam Spencer, un joven de 23 años sufrió una fuerte infección por la picadura de un mosquito mientras realizaba un viaje con su pareja por latinoamerica. El mosquito le trasmitió un parásito conocido como “parásito de la Leishmania”, que se alimenta de células inmunes.

Nunca pensó que su estancia en el amazonas terminaría convirtiéndose en un pesadilla, a los dos meses de la picadura, su herida del rostro estaba llena de pus y comenzó abrirse. A su regreso a EEUU los médicos le avisaron de la gravedad del asunto, el parásito se estaba alimentando de la carne de su rostro, ocasionando grandes dolores e increíbles daños.

Adam se sometió a varios tratamiento con antibióticos, pomadas, inyecciones que no surtieron efecto. Su herida estaba cada vez mas hinchada y abierta, y la infección empezó afectarle a las vías respiratorias, la boca y la lengua.
Fue aterrador, tenía miedo de que podría afectar en la voz. Temía por mi vida, sentí como si mi cuerpo se estuviera viniendo abajo,” explicaba el joven. Mientras tanto su novia sufría con el, por que veía que todo empeoraba, “no podía comer, no podía respirar sin dolor, era terrorífico verlo así.

Afortunadamente tras un tratamiento mas especifico de 21 días el parásito desapareció de su organismo a tiempo, dejando una cicatriz en el rostro.