Adam Spencer, un joven de 23 años sufrió una fuerte infección por la picadura de un mosquito mientras realizaba un viaje con su pareja por latinoamerica. El mosquito le trasmitió un parásito conocido como “parásito de la Leishmania”, que se alimenta de células inmunes.

Nunca pensó que su estancia en el amazonas terminaría convirtiéndose en un pesadilla, a los dos meses de la picadura, su herida del rostro estaba llena de pus y comenzó abrirse. A su regreso a EEUU los médicos le avisaron de la gravedad del asunto, el parásito se estaba alimentando de la carne de su rostro, ocasionando grandes dolores e increíbles daños.

Adam se sometió a varios tratamiento con antibióticos, pomadas, inyecciones que no surtieron efecto. Su herida estaba cada vez mas hinchada y abierta, y la infección empezó afectarle a las vías respiratorias, la boca y la lengua.
Fue aterrador, tenía miedo de que podría afectar en la voz. Temía por mi vida, sentí como si mi cuerpo se estuviera viniendo abajo,” explicaba el joven. Mientras tanto su novia sufría con el, por que veía que todo empeoraba, “no podía comer, no podía respirar sin dolor, era terrorífico verlo así.

Afortunadamente tras un tratamiento mas especifico de 21 días el parásito desapareció de su organismo a tiempo, dejando una cicatriz en el rostro.

A principios de este año, esta ejecutiva de ventas sufrió numerosos episodios de migraña, uno de los cuales le dejó secuelas en la expresión oral que después de dos semanas poco a poco recuperó.

Sin embargo, en esta ocasión, el asunto ha sido más grave, porque tras recuperarse del fuerte dolor de cabeza se dio cuenta de que su entonación al hablar había cambiado y su acento era francés.

La mujer sufre, según los médicos que la vieron,el síndrome del acento extranjero, un padecimiento diagnosticado a 60 personas  en todo el mundo.

Russell ha contado su caso a los medios para que las personas tengan conciencia de que no es una invención, sino una enfermedad.  Ella ha estado solo dos veces en Francia y le resultó difícil entender qué le pasaba.

Este síndrome, que daña la parte del cerebro que controla el habla y la formación de palabras, puede durar semanas, meses, años o para toda la vida. No tiene cura conocida y los neurólogos saben muy poco de él.

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