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“Las Azúcar Moreno”. Este es el nombre que reciben en Camariñas, un municipio costero de Galicia, Sonia y su hermana Rosana. Ambas, las Méndez Blanco, son morenas (de ahí su apodo), tienen 35 años y hace 15 que están al frente de una céntrica peluquería popularmente conocida como “la de las gemelas”.

No son dos gotas de agua, pero casi, y como ellas, en un núcleo de población reducido hay más de una decena de gemelos. Manuel y Ramón Valiña, Bernardo y Balbina

La enumeración sigue y evidencia una singular estadística que curiosamente no es única en el planeta. En la pequeña localidad brasileña de Cândido Gódoi, en el Estado de Río Grande do Sul, nacen, sin que se conozca la razón, muchas parejas de gemelos. Los Yoruba, uno de los grupos culturales más numerosos del África Negra, se jactan de una tasa alta de embarazos de seres “exactos”, y este hecho se acrecienta en la ciudad nigeriana de Igbo-Ora, llamada por ello “la capital de los gemelos”.

Los mayores de Camariñas dicen que se debe al agua de la Fonte Barreira, pero pesar de los numerosos estudios impulsados, ninguno ha sabido detallar qué hay detrás de este fenómeno en ningún lugar del mundo.   

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La industria funeraria, gremio de notable implantación en Galicia, celebrará durante los próximos días en Ourense su feria anual de ataúdes, lápidas, esquelas y demás complementos propios de esa luctuosa actividad. Devoto a la vez de Eros y Tanatos, este reino es el único lugar de la Península en el que coinciden un certamen dedicado a los placeres de la carne –el Salón Erótico de Vilagarcía– y otro que se ocupa de los asuntos mortuorios y de darle color al difunto.
La de Ourense pasa por ser, además, la única muestra comercial de mobiliario de ultratumba que existe en España y tal vez no resulte casualidad que tan raro evento se desarrolle en Galicia. Este es a fin de cuentas el país de la Santa Compaña en el que conviven armoniosamente las parroquias de vivos y muertos. Nada más natural, por tanto, que aquí tenga su sede una industria mortuoria de sólidos fundamentos como la que exporta ataúdes a medio mundo desde las fábricas de Ribadavia y Piñor de Cea.
Pionero en actividades tan dispares como el diseño textil o la tecnología pesquera, el pintoresco Reino de Breogán es también una potencia en el ramo de la mueblería fúnebre. Parece lógico. Del mismo modo que la existencia de millares de costureras domésticas favoreció el nacimiento de nuestro poderoso emporio textil, algo habrá tenido que ver la muy natural relación de los gallegos con la muerte en la consolidación del activo ramo de factorías de ataúdes que aquí existe. Lo mismo facturamos camisas y camisones que pijamas de madera para dormir a gusto el sueño eterno.
Cuentan las agencias noticiosas que la feria “Funergal” ha visto crecer este año su número de expositores, en lógica correspondencia con la etapa de florecimiento que atraviesa el sector. No parece haber crisis en el ramo funerario y es lógico que así ocurra, teniendo en cuenta que es uno de los pocos negocios en los que la clientela –más pronto o más tarde– está siempre asegurada.
Lejos de esperar a que vayan cayendo los clientes por meras razones biológicas, los empresarios del gremio aplican las más imaginativas técnicas de innovación y desarrollo a su industria para estimular la demanda. Ya a principios del pasado siglo los industriales gallegos de pompas fúnebres fueron los primeros en introducir en la Península el ataúd barnizado y, sobre todo, la producción en serie de los féretros que hasta entonces se fabricaban artesanalmente y a la medida del finado: más o menos, como los trajes.
No se agotó ahí la inventiva de los funerarios galaicos. Además de idear el prêt-à-porter mortuorio, la próspera industria del ataúd agregó a su oferta otras sofisticaciones tales que los tanatorios móviles para celebrar exequias a domicilio o los féretros personalizados con el escudo del equipo favorito del difunto.
Porfiando en la innovación, los empresarios del ramo presentan estos días en la feria de Ourense novedades tan curiosas como los funerales con música ambiental, las esquelas y pésames en Internet propias de los nuevos tiempos cibernéticos e incluso la posibilidad de elaborar un diamante con las cenizas del fallecido que acaso sirva de imperecedero recuerdo a sus familiares.
A mayores, el salón “Funergal” incluye en su programa ponencias sobre marketing funerario y riesgos laborales, además de una jornada específica para que los embalsamadores de cadáveres puedan hablar de lo suyo e intercambiar experiencias. Siempre habrá quien encuentre algo morbosas este tipo de ferias, naturalmente; pero lo cierto es que contribuyen a desdramatizar la muerte y revelan hasta qué punto Galicia se ha consolidado ya como un país puntero en la industria de ultratumba. Tiene su lógica. Tras vestir al mundo de moda gallega, nada resulta más natural que este país destaque también en el oficio de amueblar los cuerpos para el último viaje. Aunque luego salgan a pasear de noche en Santa Compaña.
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