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Parece que a estas alturas de la humanidad, todo está ya descubierto pero no es así.

Un grupo de científicos estadounidenses han hallado en los bosques de Sudamérica una nueva especie de insecto de lo más peculiar.

Dicen que se parece a los muñequitos estos que se pusieron de moda hace algunos años, los trolls.

Hombre… un aire sí que se le da, aunque solo sea por los pelos de punta que tiene.

Mide solo 7 milímetros y según los investigadores puede tener relación con las ninfas.

“He pasado horas buscando en los archivos para compararlo con las especies de ninfas, pero sólo he sido capaz de reducirlo de 16 a 4”, cuenta el doctor Trond Larsen, de la Universidad de Princeton, uno de los científicos que han descubierto este insecto.

 

noticias absurdasUn descomunal nido de avispas, de unos dos metros de alto y dos y medio de ancho, ha sido descubierto y destruido en la zona central del estado de Florida por un experto entomólogo, que sostiene que quizás sea uno de los mayores del mundo. “Este gigantesco nido de avispas hará que no quieras volver a salir nunca”, decía bromeando Jonathan Simkins en su cuenta de Twitter, donde ha colgado algunas fotos del mayor avispero que jamás había visto en sus veinte años de experiencia.

El nido estaba en un terreno remoto y boscoso del centro de Florida, propiedad de un particular, que fue quien se puso en contacto con Simkins para que le ayudara a retirarlo, ya que podía ser mortal para quien se topara con él.

Simkins, que tiene una empresa exterminadora de insectos, ha colgado también un vídeo que él mismo grabó y en el que se ve cómo, ataviado con un traje protector, se aleja incluso a unos cien metros del avispero y sigue siendo perseguido por un enjambre de miles de avispas.

Según ha relatado a la emisora local WFLA, él suele trabajar con avisperos que contienen entre mil y cinco mil avispas, mientras que éste, al que se refiere como “un nido prehistórico de la época de los dinosaurios”, calcula que tenía cerca de un millón de ejemplares.

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Se dice que las cucarachas son tan resistentes que podrían sobrevivir a un desastre nuclear. Una tesis conocida por muchos aunque no por un vecino de Argamasilla de Calatrava (Ciudad Real) de 38 años de edad que ha estado a punto de perder la vida en su lucha contra esta especie.

El infortunado -sufre la fractura de un brazo y heridas en la cara- no soportaba la presencia de estos bichitos en el cuarto de baño de su casa, situada en el número 18 de la calle Arce de este pueblo de 6.000 habitantes, y decidió vaciar un bote de insecticida en los apenas tres metros cuadrados del aseo. Inmediatamente después cerró la puerta del baño con la esperanza de que las cucarachas perecieran asfixiadas. Sin embargo, cuando volvió a abrir la puerta y encendió la luz una pequeña chispa provocó la explosión del gas acumulado.

«La explosión tuvo que ser muy fuerte porque el baño está destrozado, la puerta está arrancada y se ha caído toda la escayola del techo.

Además, el cuarto de baño del vecino también ha sufrido los efectos de la explosión porque todos los azulejos se han venido abajo», relató este miércoles Eusebio Babiano, jefe de los bomberos de Puertollano (Ciudad Real) que intervinieron en el suceso. «Cuando llegamos nos pusimos a buscar alguna bombona de camping-gas que hubiera podido provocar la explosión pero nos quedamos muy sorprendidos al ver que todo lo había originado un bote de insecticida que estaba vacío», añadió el jefe de este parque de bomberos que recomienda usar los insecticidas «en cantidades adecuadas al tamaño de la habitación donde lo echemos».

El dueño de la casa deberá pensar en otros métodos para acabar con las cucarachas de su cuarto de baño pues la primera batalla la han ganado estos insectos.

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El bar La Passion, situado en una céntrica calle de Valladolid, oferta insectos desecados procedentes de Tailandia combinados con productos típicos de otras partes del mundo, como humus, guacamole o yogur.

Unas tapas que desatan la “curiosidad” de sus clientes, según explica Esteban o, según prefiere, Marco Negroni, el propietario y artífice del eclecticismo cultural y gastronómico que emana de su bar, en el que también oferta una selección de más de 250 cervezas de todo el mundo y una variada carta de cócteles, algunos de ellos helados o deconstruidos.

Tan pronto sirve bocadillos de jamón “typical spanish” como sorprende con una crema de humus mediterráneo con escarabajo rinoceronte, guacamole mexicano con saltamontes picantes o un postre de yogur natural de aloe vera con hormigas cortadoras de hojas.

Platos que decidió acercar a sus clientes hace seis años tras visitar un típico mercado de Bangkok (Tailandia), donde los grillos, los saltamontes o los escorpiones se venden como “si fuesen bolsas de patatas”, apostilla Marco Negroni.

Tras el éxito conseguido, ahora importa desde Tailandia o Londres bolsas debidamente selladas y precintadas en las que vienen los insectos ya desecados y listos para que el paladar compruebe lo crujientes que son y disfrute del regusto picante que las especias dejan.

Un sabor que “sorprende” a los clientes “aguerridos” que, movidos por la “curiosidad”, atestigua, se atreven a probar los insectos a los que Negroni, un seguidor del mediático cocinero Karlos Arguiñano, aporta su toque personal e innovador, aunque también comercializa las bolsas que le llegan procedentes del sudeste asiático por separado.

Exotismo culinario que, según afirma, ha tenido una buena acogida entre su público, dispar y heterogéneo, pues “va desde los chavales de 18 años a los señores más mayores que vienen a tomar el aperitivo“. Clientes que en su establecimiento encuentran un “minimundo”, asevera, ya que no solo tiene una extensa carta de cervezas llegadas desde recónditos lugares del planeta, como una vietnamita, incluso otra elaborada por él y de receta propia: “Ultramarina”, sino que la decoración está jalonada por sus viajes y sus experiencias personales.

“Padezco el síndrome de Tintín“, bromea Negroni, un viajero implacable, amante de la naturaleza y los animales, que ha recorrido el mundo entero (desde Papua Nueva Guinea a las Islas Fiji pasando por África, Norteamérica o las Islas Filipinas, su último viaje). Travesías que le inducen a asegurar que cada viaje es “oro puro para el cerebro y el corazón”. “Un aprendizaje constante”, dice que, en su caso, destapa su lado creativo. No consigue desconectar, sino que más bien es cuando fluyen las ideas que aplica a su negocio.

Trabajo para viajar. Es lo que da sentido a mi trabajo”, manifiesta Marco Negroni, al que esta relación simbiótica entre su actividad ociosa preferida y la innovación constante en su negocio le ha ayudado a hacer frente a una crisis que no ve como tal.

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