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“Es una sensación única”, explica con una gran sonrisa Feri Tilukay mientras tres pitones de casi dos metros recorren su cuerpo en un ‘spa’ indonesio.

“Te da una descarga de adrenalina”, cuenta a AFP este experto en contabilidad tumbado en la camilla de masaje del ‘Spa y reflexología tradicionales de Bali’ que, pese a su nombre, se encuentra en Yakarta, la capital de Indonesia.

Con unos pantalones cortos como única protección, el veterano, que ya se ha dado otros dos masajes de este tipo, parece completamente relajado mientras Jasmine, Muscle y Brown serpentean por su cuerpo.

Las pitones, que pueden llegar a medir 1,8 metros de largo, se enroscan sobre su estómago, acarician su cuello, levantando de vez en cuando la cabeza y sacando la lengua bífida con un silbido agudo.

Si son ellas las que se relajan y se quedan dormidas sobre el vientre del cliente, dos asistentes que vigilan a los reptiles se encargan de despertarlas para que vuelvan al trabajo.

Feri Tilukay es uno de los pocos indonesios que se atreven con “el masaje de serpientes”. La mayoría de los clientes son turistas extranjeros que buscan sensaciones fuertes. Y aún así también escasean. “Tenía fobia a las serpientes”, explica Feri Tilukay. “Pero tras haber recibido este tratamiento varias veces, la fobia comenzó a desaparecer. Ahora me gustan”, dice, sin que parezca molestarle el deslizamiento por su cuerpo de la piel fría y escamosa de los reptiles.

El masaje de 90 minutos, que cuesta 32 euros, no es peligroso, afirma el gerente del ‘spa’, Paulus Abraham. Se desinfectan los reptiles con antiséptico antes de colocarlos sobre el cuerpo del cliente y se les tapa la boca con cinta adhesiva de modo que sólo puedan sacar la lengua.

El masaje de serpientes no es el único tratamiento insólito de este ‘spa’. Además de las clásicas envolturas corporales de chocolate, café y mango, el centro propone a los clientes masajes con helado de fresa, caracoles, queso, mantequilla, mayonesa, pelotas de golf, bolas de billar e incluso guantes de boxeo.

El “masaje corporal por un mono de la selva” consiste en una palpación realizada por una masajista disfrazada de gorila. El ‘spa’ asegura que esta “vuelta a la naturaleza” facilita “la circulación sanguínea” y la “estimulación corporal”.

El masaje de serpientes se da desde hace un año y atrae a “un número regular de clientes”, asegura el gerente, pero el tratamiento irrita a los defensores de los animales. La Red de Ayuda a los animales de Yakarta lo ve como una “explotación”. “No consideramos a las serpientes como empleados. Las tratamos como amigos o familiares”, se defiende el gerente del ‘spa’. “Las besamos, las abrazamos, las tratamos como es debido”, asegura.

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