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EE.UU. ha patentado una máquina para producir orgasmos con solo pulsar un botón. El implante podría ayudar a las mujeres con dificultades sexuales, aunque supone una cirugía invasiva, lo que ha generado polémica y división.

Según publica la revista Newcientist, la paciente permanece consciente mientras el cirujano coloca los electrodos, para ayudarle a encontrar el lugar exacto donde colocar el implante. Stuart Meloy , cirujano en Salem, Carolina del Norte, ha contado cómo dio con la idea: “Estaba colocando los electrodos y de pronto la mujer comenzó a exclamar enfáticamente. Le pregunté qué pasaba y me dijo: ‘ Vas a tener que enseñarle a mi marido a hacer eso’.”

Los ensayos clínicos ya están en marcha. Los cables de estimulación podrían conectarse a un generador de señal más pequeña que un paquete de cigarrillos implantados bajo la piel de una de las nalgas de la paciente. “Entonces tendrías un control remoto. Pero es tan invasiva como un marcapasos , así que esto es sólo para casos extremos. ”

Cole está de acuerdo en que algunas mujeres podrían probarlo en casos suficientemente graves, pero habría que abordar las causas de su anorgasmia, “como pasa con el Viagra”.

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Es extraño que una persona acabe en urgencias por un orgasmo, pero esto es lo que le ocurrió a Liz, una mujer de Seattle. Acababa de tener relaciones sexuales con Eric, su pareja, pero un buen rato después todavía estaba inmersa en una vorágine de placer.

Cuando ya llevaba una hora de clímax, Liz empezó a sentir miedo. Al alcanzar las dos horas, fue trasladada de urgencia al hospital, donde el personal médico pensó que estaba de parto. El orgasmo le duró más de tres horas antes de que finalmente desapareciera, según relata el Daily Mail en su edición digital.

La joven pareja compartió su particular historia en el show televisivo de la cadena TLC Sex Sent Me to the ER (El sexo me envió a urgencias). Liz, que no quiso desvelar su apellido, relató cómo ella lo intentó todo para que el sobrenatural orgasmo disminuyera, desde saltar a beber para deshacerse del dolor. “Empecé saltando arriba y abajo para ver si eso me hacía efecto”, explicó. “Empecé a beber vino para ver si eso calmaba mi sistema. He intentado hacer todo lo posible para dejar de tener un orgasmo”, agregó.
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Finalmente, tras tres horas, el orgasmo desapareció y Liz pudo descansar tranquila.

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Tras más de 10 años de investigación, un equipo de neurocientíficos logra identificar el área del cerebro que controla la eyaculación y el clímax en ambos sexos

El holandés Gert Holstege comenzó masturbando a gatos a finales de los años setenta y acabó pidiendo a parejas que tuvieran sexo delante de él. Su anuncio en busca de gente dispuesta a meterse en una máquina que escanearía sus cerebros mientras llegaban al orgasmo tuvo un éxito “inesperado”. “Gente de todo el país respondió, todo tipo de gente, fue mucho más fácil de lo que yo esperaba”, relata Holstege, neurocientífico de la Universidad de Groningen, sobre los experimentos que realizó en 2000 y que han aportado muchos de los pocos datos que, aún a día de hoy, se conocen sobre lo que ocurre en el cerebro de hombres y mujeres durante el clímax.

Finalmente, Holstege eligió a 11 mujeres heterosexuales diestras y tantos otros varones, también heterosexuales. De pie y metidos en un escáner (PET) debían dejar que su pareja les acariciase hasta alcanzar el orgasmo para que la actividad en sus cerebros quedase grabada.

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“Tuvieron que ensayar antes de realizar los experimentos pues la máquina sólo grababa durante dos minutos y era mucho mejor si el orgasmo llegaba en los primeros 30 segundos”, relata Holstege. De aquel experimento se aprendieron muchas cosas. Ahora se sabe que, al contrario de lo que se pensaba, el orgasmo no se traduce en un frenesí de actividad cerebral sino más bien en un gran apagón. También se observó que lo que sucede ahí dentro es muy, muy parecido, a un chute de heroína. Pero hasta hace muy poco había una pregunta sin responder: ¿De qué punto del cerebro sale el orgasmo?

Los primeros escáneres de personas teniendo un orgasmo salieron movidos

La respuesta se frustró por algo muy humano: las imágenes que tomó el escáner en el momento del clímax salían movidas. No había forma de concretar el lugar exacto del encéfalo que se activaba en el momento cumbre. Más de 10 años después, un nuevo software ha logrado estabilizar las instantáneas e indicar el área del cerebro responsable del orgasmo. El estudio de Holstege, recién publicado en Journal of Sexual Medicine, apunta a un lugar del tallo cerebral conocido como tegmento pontino dorsolateral. El trabajo de Holstege demuestra que la zona izquierda de esta parte del cerebro controla tanto la eyaculación (masculina y femenina) como el orgasmo, sin apenas diferencias entre sexos. En los participantes que no lograban alcanzar el clímax en esos dos minutos no se activaba la zona en cuestión y lo mismo sucedía cuando los orgasmos eran fingidos.

A a luz de sus datos, Holstege cree que es hora de cambiarle el nombre al tegmento pontino dorsolateral para hacer honor a su función. En su estudio propone bautizar a este punto del cerebro como Centro de Estimulación de los Órganos Pélvicos, o POSC, en sus siglas en inglés.

La función cerebral más cercana al orgasmo en gatos y humanos es la de orinar

El POSC es como una autopista nerviosa que conecta el cerebro con los órganos sexuales en los que el orgasmo se hace físico. La zona en la que se encuentra el epicentro del orgasmo no tiene nada de místico, ni es característico de la sofisticación cerebral de los humanos frente a otras especies. “La función y la actividad de esta zona es básicamente la misma en gatos que en personas”, confiesa Holstege.

Sus resultados también han mostrado otro paralelismo entre los estudios con humanos y aquellos inicios con felinos. Aparte del orgasmo y la eyaculación, el POSC en gatos y humanos también controla los vaciados de vejiga. Holstege ha mostrado que las funciones que permiten orinar se concentran en el lado derecho del POSC y las orgásmicas y eyaculatiorias, en el izquierdo, siempre y cuando la persona sea diestra. “Sin micción no hay sexo”, resume el neurocientífico.

Pero a pesar de lo visto en este estudio, el orgasmo es mucho más complejo de lo que parece. El camino hasta el clímax comienza con estímulos físicos o visuales que, al llegar al cerebro, se dan de bruces con la corteza prefrontal. Es aquí, uno de los epicentros de la conciencia, donde se decide si es un buen momento para tener sexo.

En los campos de concentración nazis las mujeres dejaban de ovular y de menstruar

“Si estás en una situación de gran ansiedad tu cerebro decide que tener sexo no es una buena idea porque en parte implica que los hijos que puedas concebir tendrán una menor posibilidad de sobrevivir”, explica Holstege. Prueba de estos mecanismos es que en los campos de concentración nazis las mujeres dejaban de ovular y de menstruar, comenta el neurocientífico, porque “si el individuo no se siente a salvo, hay menos posibilidad de que sus hijos lo estén”.

Del orgasmo al párkinson

Esta situación extrema, dice Holstege, se traslada a las personas que sufren anafrodisia, o falta de deseo sexual. “Entre el 15 y el 20% de todas las mujeres pueden tener este trastorno”, explica Holstege. Muchos estudios han demostrado que un orgasmo es más saludable para el cerebro que otros ejercicios intelectuales y también hay trabajos que conectan un mejor estado físico con la cantidad de orgasmos logrados a través de la penetración vaginal con el pene (otros tipos de orgasmos no aportaban beneficios). No poder llegar al orgasmo, como les sucede a muchas personas con anafrodisia, puede suponer un serio empeoramiento de la calidad de vida.

En la mayoría de los casos, cree Holstege, el POSC está intacto. “Si tienes una lesión en esta zona estás muerto”, resume. Para tratar la anafrodisia no hace falta tocar el POSC, sino que hay que ir a la corteza, allí donde, según Holstege, se encuentra el centro de control consciente que permite al cuerpo dejarse llevar y tener un orgasmo. “En muchos casos los problemas de no poder llegar al orgasmo se deben a altos niveles de ansiedad constantes”, explica el experto. “Es un problema psicológico, no neurológico”, concluye.

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Otros expertos han aportado más datos. Por ejemplo, un estudio en 2004 dirigido por Barry Komisaruk, de la Universidad de Rutgers (EEUU), demostró que, en contra de lo que se creía, hay mujeres con una lesión total de la médula espinal que pueden alcanzar el orgasmo con la estimulación genital. En este caso, el estímulo físico que no puede llegar por la médula llega a través del nervio vago, una vía que podría ayudar a recuperar el placer sexual a personas tras un accidente que haya dañado su médula. Los estudios de Komisaruk, que ha realizado resonancias magnéticas (fMRI) a mujeres durante el orgasmo, corroboran que la corteza prefrontal es el centro cerebral que controla si se desencadena el clímax. El investigador querría algún día tratar la anorgasmia con la máquina de resonancia, haciendo que la paciente pueda ver la actividad de su cerebro en directo y que esto le ayude a lograr el tipo de estimulación adecuada.

“Este es un buen paso para entender el complejo proceso cerebral del orgasmo”, opina Komisaruk sobre el nuevo estudio, aunque matiza su alcance. “La región identificada por Holstege es una de las muchas regiones cerebrales que controlan el orgasmo”, señala. El experto estadounidense advierte de que los tratamientos basados en estos nuevos datos son aún inciertos. Una cosa es identificar un área cerebral implicada en una función concreta y otra poder influir en ella de forma terapéutica. “Actualmente estamos analizando la secuencia de actividad cerebral antes, durante y después del orgasmo para entender mejor la red de circuitos involucrada”, señala. “Este es un paso previo para saber qué zonas fallan y no se activan, una información que necesitamos antes de desarrollar una terapia racional contra la anorgasmia”, añade.

Sea como sea, el trabajo de Holstege tiene en realidad otra aplicación terapéutica. El neurocientífico va a probar si la estimulación profunda del cerebro puede ayudar a controlar el POSC a las personas mayores que sufren incontinencia. “Es algo que afecta a entre el 40% y el 50% de los mayores”, asegura el neurocientífico. Sólo haría falta una aguja que suministrase el estímulo en el momento adecuado, en un tratamiento similar al que ya se hace con pacientes de párkinson.

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Un estudio presentado por dos investigadores de Nueva Jersey revela que, aunque los ejercicios mentales aumentan la actividad cerebral, estos solo se dan en regiones relativamente localizadas.

En cambio, el orgasmo activa el conjunto del cerebro. La causa es que durante el clímax sexual aumenta el flujo de sangre que riega el cerebro.

Según el estudio, con este incremento del flujo, se acrecientan los nutrientes y la oxigenación en la zona cerebral.

Desde 1982, el profesor Barry Komisaruk ha sido pionero en los estudios de placer centrados en la mujer. A sus 72 años, aparenta menos edad de la que tiene. En declaraciones recogidas por The Times, alega: “Supongo que son los orgasmos los que me mantienen joven”.

Ahora se encuentra investigando si el clímax sexual puede evitar la senilidad. Uno de sus hallazgos es que la intensa sensación orgásmica bloquea el dolor y está estudiando cómo podría aplicarse en momentos como el parto.

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Una mujer estadounidense de 39 años, que sufría el trastorno de la excitación genital persistente, se ha quitado la vida en su casa, en Spring Hill, EEUU. Gretchen Molannen padecía la rara enfermedad desde que tenía 23 años y lo consideraba un obstáculo para desarrollar una convivencia cotidiana normal, según una entrevista que concedió hacía apenas unas semanas a un periódico local.

Molannen, de 39 años, trastorno de la excitación sexual debilitante que significaba que estaba físicamente excitada, pero no psicológicamente, según publicó el Daily Mail.

Para este trastorno no hay tratamiento, ni tiene curación y el único alivio es la masturbación durante horas, algo que contradecía la religión de Molannen.

La oficina del Sheriff del Condado de Hernando respondió a una llamada informando del suicidio el sábado pasado, aunque no se han dado más detalles sobre lo ocurrido.

Hace apenas unas semanas, el periódico local The Tampa Bay Times realizó un reportaje sobre el padecimiento de esta mujer, que contó que una vez tuvo 50 orgasmos seguidos. “Pensé que iba a morir”.

“Tuve una vida diferente antes de queme diera cuenta”, contó a la publicación. Explicó que ella comenzó a sentir esta sensación cuando tenía 23 años, y lo describió como un interruptor que no podía apagar”.

Gretchen Molannen también explicó cómo su enfermedad obstaculizaba su desempeño profesional como traductora, porque tenía que dedicar mucho tiempo a las exigencias de su padecimiento.

A pesar de esto, las autoridades le negaron dos veces la discapacidad.

Del trastorno de la excitación sexual debilitante se conocen poco y los médicos aseguran que la enfermedad puede desencadenarse por la ingestión de antidepresivos, el comienzo de la menopausia o incluso hasta una caída.

No existen cifras exactas de cuántas mujeres sufren este trastorno, pero podrían ser miles en todo el mundo.

El novio de la mujer mandó un correo electrónico al periódico con la historia, diciendo que “ahora no podía ayudar” porque ella se había suicidado.

 

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Una mujer británica de 44 años sufre, o disfruta, de más de cien orgasmos diarios por un trastorno de excitación genital.

El desarrollo de la rutina habitual de Kim Ramsey se ve interrumpida muchas veces, ya que cualquier simple movimiento la lleva al clímax sexual, dejándola exhausta al terminar la jornada.

Los médicos que analizaron su caso aseguran que el incoveniente, incurable, es causado por un problema nervioso provocado por quistes en la espinales, ocurridos tras una caída que sufrió en unas escaleras hace más de una década.

El problema comenzó en 2008 cuando las relaciones con su pareja se vieron seriamente afectadas. Cualquier presión en la zona genital podía provocarle un orgasmo y la necesidad de orinar.

“Otras mujeres se preguntan cómo conseguir un orgasmo, yo me pregunto cómo pararlos“, sintetizó Kim Ramsey, la damnificada.

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Los médicos diagnosticaron este extraño caso como un desorden de excitación genital persistente, lo que le genera los orgasmos sin tener algún tipo de excitación sexual.

La mujer pasó por su primer orgasmo gastronómico en los últimos años de su adolescencia, mientras tomaba un helado. A pesar de que esta situación pasó hace ya varios años, Jones recuerda que le encantó la suave textura del helado sobre su lengua y que fue ese el momento en que sintió un cosquilleo en la zona genital.

“En ese momento la presión aumentó hasta que de repente se expandió por todo mi cuerpo. Me sentí flasheada y ruborizada”, expresó, agregando que incluso aunque se aturdió con lo que pasó, no tuvo dudas de que fue un orgasmo.

Si bien otras mujeres podrían haberse sentido preocupadas, Gabi se lo tomó con suma naturalidad al punto al que se compró su propia máquina de hacer helados para poder disfrutar de sus sublimes orgasmos cuando tenga ganas.

Lo único que no salió tan bien fue que la joven de 25 años engordó 94 kilos en los últimos cinco años y ahora pesa 185 kilos.

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Una escocesa de 44 años que padecía unos intensos e imprevisibles orgasmos en momentos y lugares inadecuados descubrió que sus arrebatos de placer eran provocados por una malformación arterial en el cerebro.

     La última vez que sufrió el problema la mujer iba conduciendo un automóvil acompañada de su hermana. De repente fue invadida por una sensación de placer tan fuerte que hubo de detener el coche a un lado de la carretera. Allí perdió el sentido durante dos minutos, según explica en la revista “The Lancet” el neurólogo que la examinó. Los médicos le sometieron a varias pruebas que revelaron la existencia de una malformación arterial en el cerebro, que podía provocarle una hemorragia y que fue la causante de sus orgasmos incontrolados. Tras ser operada los trastornos desaparecieron.