‘Mi extraña adicción’ es un programa de la TV americana que es todo un filón.

noticias absurdasLlámenlos ‘frikis’, raros o lo que sea, pero los protagonistas de este programa no paran de sorprendernos.

Hoy os presentamos a Keyshia, una neoyorquina de 22 años del barrio de Queens que ha confesado que es adicta a masticar pañales empapados en orina y también a olerlos, según recoge el diario británico Metro en su web.

“Cuanto más orina, mejor”, dice este personaje.

Como si de una American Express se tratara, Keyshia no sale de casa sin ellos.

“Me encantan, saben increíble. Tengo uno en la cocina, otro junto a la cama para cuando duermo, en mi bolso, en mi bolsillo”, explica ella.

 

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Devis Licciardi está en el ojo del huracán estos días en Italia.

Este atleta de la selección nacional de tres mil metros y de 27 años, habría sido sorprendido el pasado sábado con un pene de plástico dentro de sus calzoncillos después de una prueba oficial con el único objetivo de simular que orinaba en el control antidoping.

Al parecer, según publica el Daily Mail, Devis habría rellenado el falso pene con orina limpia para asegurarse salir airoso del control posterior a la celebración del campeonato nacional de 10 kilómetros.

El orín saldría al accionar un botón.

Devis estaba señalado por el CONI (Comité Olímpico Italiano) como sospechoso de doparse por lo que se le hizo especial seguimiento y fue cazado posteriormente.

Ahora, este miércoles, deberá dar explicaciones en el Comité para defenderse y aclarar, si puede, lo sucedido.

 

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Se acabó el estar preocupado por la batería de tu smartphone… se pacabó reocuparte de si se te acaba o no se te acaba, de si hay un cargador o un enchufe cerca. Todo porque un grupo de científicos británicos, según podemos leer en la web de la BBC, ha conseguido desarrollar una batería biológica que puede cargarse con deshechos orgánicos como por ejemplo la orina. “Lo mejor de esta fuente de combustible reside en que no depende de la errática naturaleza del viento o del sol; estamos realmente reduciendo desechos para crear energía. Un producto del que podemos estar seguros que siempre tendremos reservas es nuestra propia orina”, le dijo uno de los autores del estudio, Ioannis Ieropoulos, a la agencia AFP. Y lo mejor de todo es que parece que funciona porque estos ciéntificos ya lo han probado en una teléfono Samsung con el que han navegado por internet, han hecho una llamada y han mandado mensajes. Según describe la BBC, el equipo cultivó bacterias en ánodos de fibras de carbono y las ubicó dentro de cilindros de cerámica. Las bacterias rompieron los componentes químicos en la orina que pasó a través de los cilindros, lo que generó una pequeña carga eléctrica que fue almacenada. El problema es que estas celdas ahora tienen el tamaño de la batería de un coche pero los científicos esperan “construir algo que pueda ser llevado fácilmente”.