noticias absurdas

Entre siete y 10 litros de Coca-Cola al día, según su propia familia. Diagnóstico: arritmia cardiaca. Resultado: muerte. Así se resume el final de Natasha Harris, una joven neozelandesa de 30 años, adicta a esta bebida refrescante que, según el estudio forense publicado ahora, ha sido factor clave de su muerte.

“Natasha murió en febrero de 2010 a causa de una arritmia cardiaca provocada, principalmente, por beber una media de nueve litros al día de este refresco durante años”, destaca David Crerar, juez de instrucción del caso que asegura que “de no haber ingerido todo esto seguramente seguiría viva”.

Posiblemente usted, que lee estas líneas, no se sorprenda de que tamaño atracón de Coca-Cola haya conducido a tan dramático fin, pero ¿cree que la adicción de Natasha es extraña? Según algunos especialistas consultados por ELMUNDO.es, el problema es más común de lo que se piensa.

Así lo asegura la doctora Pilar Martín Vaquero, especialista en Endocrinología y Nutrición y directora médica en la Clínica d-médical, que subraya que cada vez es más frecuente que pasen por consulta personas capaces de ingerir entre cinco y siete litros de este tipo de bebidas refrescantes al día. “Yo lo califico de epidemia. Es un problema más común de lo que parece. En los países industrializados, cada vez hay más gente que ya no bebe agua, sólo estas bebidas azucaradas, sobre todo extendidas entre los más jóvenes. Es más, no es raro que haya pacientes que expliquen que toman incluso estos refrescos para desayunar”, afirma.

Algo que, según la pareja de Natasha era típico en ella: “No le gustaba el agua, ni el té o cualquier otra bebida; al final, la Coca-Cola se convirtió en una adicción. La primera cosa que hacía por la mañana era tomar un trago de Coca-Cola y lo último era volver a beber el refresco. Además, comía poco y fumaba unos 30 cigarrillos al día”, explica su novio, Christopher Hodgkinson.

El juez de instrucción ha explicado que el consumo de 10 litros de Coca-Cola equivale a 970 miligramos de cafeína y más de un kilo de azúcar, es decir, una ‘bomba’ para cualquier persona. “Aunque no son demasiados, existen estudios que indican el peligro de beber este tipo de refrescos de forma descontrolada, como era caso de esta joven”, asegura la doctora Martín Vaquero. Según un informe de la compañía, 240 ml de Coca-Cola equivale a 23 mg de cafeína, lo que equivaldría a más de 700 mg los 10 litros.

“No existe una pauta fijada de recomendaciones en cuanto a la cantidad límite que se puede beber al día, pero hay que recurrir al sentido común, tomarla de forma ocasional no entraña riesgos, pero beber en exceso todos los días es un peligro. Una persona capaz de beber tres o cuatro litros de estos refrescos al día puede sufrir diferentes problemas y, entre los más comunes, se encuentran las cefaleas, la ansiedad, el cansancio, temblores involuntarios, palpitaciones, arritmias, gastritis o diarrea”, señala esta especialista. Pero hay más. “En mujeres embarazadas, los daños de este abuso se transmite al feto, así se sabe que beber más de 300 mg del refresco todos los días puede producir abortos, embarazos prematuros o malformaciones congénitas“, indica.

Algo que también sucedió en el caso de la joven neozelandesa. Natasha padecía hipopotasemia, un bajo nivel de potasio que puede ser causado por este consumo excesivo y una mala nutrición y que produce, entre otras cosas, ritmos anormales del corazón por los niveles altos de cafeína, un estimulante que se encuentra en las bebidas de cola. Igualmente, y según relata su pareja, “en los últimos días se mostraba cansada, desganada y tenía dolores de cabeza”, sintomatología típica del abuso. Además, le habían sido extraídos varios dientes que se pudrieron por esta ingesta y, al menos, uno de sus hijos ha nacido sin esmalte en los dientes, “precisamente, ejemplo de esas malformaciones congénitas”, explica Martín Vaquero.

“Un bote de estos refrescos puede representar en niveles de cafeína lo mismo que un café. Si abusamos de ello, con esa cantidad de cafeína y los azúcares que contienen, estamos creando a medio plazo problemas importantes que afectan al corazón, como la diabetes o la obesidad. A largo plazo, todo esto y otros hábitos de vida poco saludables, como el sedentarismo, pueden llevar a resultados nefastos”. comenta el doctor Ángel Moya, presidente de la sección de Electrofisiología y arritmias de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

Otro factor a tener en cuenta en estas bebidas es que muchas personas se amparan en el consumo de bebidas zero o light, “que también producen problemas. En las primeras, por ejemplo, obesidad, pero también hay estudios que demuestran que se asocia el consumo abusivo de estos tipos de refrescos hasta con un 60% más de posibilidades de sufrir un problema vascular“, recuerda esta especialista. “Más que nada porque muchas veces, pensando que tienen menos azúcares o menos cafeína, se toman más litros”, aclara el doctor Moya.

Sin embargo, el juez David Crerar no ha querido señalar directamente a la industria de estos refrescos, por lo que recuerda que la empresa “no puede ser responsabilizada por la salud de los consumidores que beben cantidades insalubres de este producto“, algo que ha recogido la propia marca de refrescos en un comunicado: “Estamos de acuerdo con la información compartida por la oficina del forense de que la ingestión excesiva de cualquier producto alimenticio, incluyendo el agua, en un corto período de tiempo sumado al consumo inadecuado de nutrientes esenciales, y la falta de intervención médica puede ser mortal. Creemos que todos los alimentos pueden tener lugar en una dieta equilibrada y sensata, combinada con un estilo de vida activo. La base de una buena nutrición es el equilibrio, la variedad y la moderación”, aseguran.

http://www.elmundo.es

noticias absurdasREGUNTA: ¿Por qué cuando comes algo dulce y luego bebes por ejemplo un refresco o algo que no está igual de dulce te sabe tan fatal? MANOL@S

La intensidad de los sabores, su combinación con olores, la velocidad a la que se mezclan en la boca, la temperatura de los mismos y su textura son algunos de los factores que intervienen en la percepción final del ‘sabor’ de un alimento.

Los grandes chefs de cocina experimental juegan con estos elementos para crear nuevos y sorprendentes sabores. Pero también se pueden combinar para conseguir un efecto desagradable.

Los sabores se construyen en nuestra mente gracias a la activación de los receptores del gusto y del olfato, según explica a RTVE.es. Xurxo Mariño, neurofisiólogo del departamento de Medicina de la Universidad de A Coruña. “No hay un receptor sensorial para cada sabor. Hay al menos 5 tipos de receptores para el gusto y unos 400 para el olfato.Por eso, la mayoría de sabores resultan de la activación conjunta de varios tipos de receptores”, ilustra.

En un panel luminoso formado por 405 bombillas, un sabor sería el encendido de unas cuantas

Traducido en un ejemplo visual muy sencillo: “Imagínate un panel luminoso formado por 405 bombillas. Un sabor concreto sería el encendido simultáneo de unas cuantas bombillas”, explica. Tras la explosión de sabor, poco a poco éste va desapareciendo, pero no de
golpe: “Las bombillas se van apagando poco a poco”.

Sobre la pregunta planteada por el lector teoriza que “es posible que, de manera fortuita, al combinar dos o más sabores agradables, el conjunto de receptores que se activó dio lugar a un patrón irreconocible por el encéfalo, o que fuera similar al patrón de un sabor desagradable”, teoriza este experto.

Adolfo Toledano Muñoz  miembro de la Red Olfativa Española  y de la Unidad de Rinología del Hospital Rúber Internacional (Madrid), explica el fenómeno planteado por el internauta como una saturación de los receptores del sentido del gusto y el olfato.

“Los receptores neurosensoriales de cualquiera de los cinco sentidos tienen la capacidad de saturarse cuando se estimulan mucho en intensidad y tiempo”, asegura. “Por eso, cuando entramos en una habitación que huele a ‘pies’, al principio lo notamos, pero pasados unos minutos, ya no huele tan mal”.

En el caso del sentido del gusto, cuando comemos algo muy dulce nuestros receptores se saturan y si a continuación tomamos otros alimento menos dulce, “su sabor no es tan agradable y pasan a ser más perceptibles otras características sensoriales, como la textura del alimento, que pueden no ser tan atrayentes como el sabor”.

“Por eso, si comemos un bombón y después bebemos un refresco, éste puede sabernos insípido y su textura burbujeante nos puede resultar desagradable”, concluye.

http://www.rtve.es