noticias absurdas

En febrero del 2010 cuarenta médicos en el estado norteamericano de Texas lucharon durante más de 15 horas por la vida de Keith Hayes, de 41 años de edad, a la que los especialistas en la primera fase del embarazo diagnosticaron fascitis necrotizante, infección aguda que se extiende por el tejido celular subcutáneo y la fascia, produciendo una rápida necrosis tisular, con grave afección del estado general.

Entonces los médicos advirtieron a la mujer que en caso de decidir tener al bebé, los procesos degenerativos en su cuerpo podrían llevar a consecuencias fatales.

Sin embargo, Keith se negó en rotundo a provocar el aborto, prefiriendo dar la vida al bebé que deseaba tanto. “Los estreptococos (bacterias que viven en las vías respiratorias y digestivas de una persona), que fueron hallados en Keith, se repartían por su cuerpo a la velocidad vertiginosa. Al elegir dar a luz, ella arriesgó su vida”, relató William Schaffner, uno de los especialistas que llevó el caso.

Dos días después del nacimiento de la pequeña Arielle, los médicos se vieron obligados a realizar a Keith una cirugía de emergencia, en el marco de la cual le tuvieron que amputar los dos brazos y, una semana después, las dos piernas e incluso le quitaron una parte de intestino y otros órganos a causa de una amplia proliferación de la infección.

“Por ahora no me puedo mover de forma independiente, pero no me arrepiento de nada. No logro ni siquiera imaginar que mi hija podría no haber nacido”, afirma la mujer.

http://actualidad.rt.com

noticias absurdasSi el año pasado Hollywood hubiera conocido el caso de Debbie Stevens, seguramente le habrían reservado una parte importante en la trama de la película ‘Como acabar con tu jefe’. En el largometraje, tres sufridos trabajadores deciden elaborar un plan para asesinar a sus insufribles superiores, algo que con toda seguridad habrá pasado por la mente de Stevens, despedida por solicitar una baja médica después de haberle donado un riñón a la responsable del concesionario en el que trabajaba.

La pesadilla de esta trabajadora neoyorquina de 47 años, divorciada y madre de dos niños, comenzó el día que su ahora exjefa, Jackie Brucia, se puso enferma. A finales de 2009, en una conversación informal, Brucia le comentó que necesitaba un trasplante de riñón y que le estaba resultando imposible encontrar un donante.

Debbie Stevens decidió ayudarla, e incluso en un momento dado se ofreció a donar su propio riñón si no encontraban un donante a tiempo. En enero de 2011, la empleada recibió la llamada de su jefa, que le había tomado la palabra, y le preguntó si la oferta iba en serio. Debbie fue tajante: “Claro que sí”.

La trabajadora sentía reconfortante poder donar su riñón izquierdo para volver a la vida a otra persona. “Era mi jefa, la respetaba y no quería que muriese”, ha explicado Stevens al diario ‘The New York Post’. Sin embargo, su órgano no era compatible con el de Brucia, por lo que los médicos se lo dieron a un paciente de St. Louis, Missouri. A cambio, su jefa obtuvo un riñón compatible proveniente de San Francisco.

Pocos meses después de la operación, el pasado mes de agosto, Debbie Stevens comenzó a sentirse mal. Tenía molestias en las piernas y problemas digestivos que la impedían llevar una vida normal.

Pese a los problemas de salud, la mujer se sintió presionada a volver al trabajo aunque no se encontraba en condiciones. “¿Por qué no estás en el trabajo?, los demás van a pensar que tienes un tratamiento especial”, le espetó Brucia durante una conversación telefónica. Y, por si no fuera suficiente, lo primero que hizo la responsable del concesionario cuando se reincorporó al trabajo fue recriminarle supuestos errores frente a sus compañeros.

Una despedida, la otra bebiendo champán

Ese fue el momento en el que Debbie Stevens decidió pedir una baja por motivos de salud. La trabajadora consultó a un abogado y la empresa le contestó confirmando su despido, respaldado por un informe negativo firmado por Jackie Brucia.

“Me sentí traicionada. Fue una experiencia muy dolorosa y horrible”, asegura Stevens, que denunció a su antigua empresa ante la Comisión de Derechos Humanos del estado de Nueva York.

En la demanda precisa, que lo que más la impulsó iniciar acciones legales no fue el hecho de que fuera despedida sino que, después de su sacrificio, Brucia haya sido vista totalmente sana y saliendo de una limusina con una botella de champán.

http://noticias.lainformacion.com