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Lusy y Glenn es el nombre de las dos “laboratoristas” perrunas que fueron entrenadas para ser radares detectores de cáncer y tumores cancerosos en las primeras etapas de la enfermedad y, además, determinar cuando la glucosa aumenta en la sangre de un paciente.

 

Lusy es la experta, es un labrador hembra de seis años de edad que fue entrenada en el Reino Unido, sus diagnósticos son infalibles y sus habilidades han dejado boquiabiertos a los médicos. Glenn es una novata de un año y medio que todavía está aprendiendo a realizar la labor de “diagnosticar” profesionalmente.

 

Para detectar el cáncer, las perras olfatean la orina de los pacientes. Previo al olfateo de la muestra, la orina se prepara en el laboratorio en donde se le extrae algunas partículas que puedan despistar a las canes.

 

Las células cancerosas, al igual que otros virus y enfermedades, tienen un olor particular, y es por ello que es perceptible para el olfato de los perros, que se conforma por 250 millones de sensores.

 

Si la muestra es positiva en cáncer el perro debe sentarse. Si el resultado es negativo el perro permanece de pie y mira al médico que lo acompaña en el diagnóstico.

 

Los doctores del hospital de Trento, Italia, aseguran que la precisión en el diagnóstico dado por las dos perras labradores es casi de un 90 por ciento.

 

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