Christos Constantinou, de 49 años y natural de Nemea (Grecia), decidió ir de caza al bosque. Como cazador astuto decidió llevar, además del arma, unas pieles de cabra para echárselas encima y acercarse lo más posible a su desprevenida presa. Así, sigilosamente, se internó entre unos arbustos.

No contaba Constantinou con la presencia del más cruel depredador y con que el hombre es un lobo para el hombre.

Dos familias amigas habían salido de caza para buscar un jabalí con el que preparar algo para la cena de navidad (o una fiesta temática sobre Astérix, quién sabe). El caso es que la casualidad quiso que se pasaran por la zona donde estaba Christos.

Claro, las familias vieron algo regordete y con pelambrera agazapado entre los arbustos y pensaron “ya tenemos la cena”. Sin misericordia alzaron sus armas, apuntaron, dispararon…

… y todos quedaron aterrorizados cuando comprobaron que lo que habían matado era una persona. Dos opciones quedaban: o aprovechar lo cazado para la cena y convertirse en caníbales o llamar a las autoridades, lamentarse del error y esperar lo que tuviera que venir.

Finalmente no se impuso la razón y las familias acabaron confesando su crimen accidental. Ahora dos integrantes de las familias, de 25 y 28 años están en los calabozos.

Pero oye… los animales del bosque respiran tranquilos.

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